“La Antártida es distinto a lo que te podés imaginar: te gusta o no te gusta”

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Fabián nació en Chaco, actualmente reside en Ushuaia y formó parte de tres campañas como maestro en la Base esperanza, en la Antártida.

Ya hace 30 años que vive en el sur del país y recuerda que Argentina tiene, en un sector antártico, trece bases científicas, de las cuales funcionan siete durante todo el año.

En una de esas bases está la escuela provincial Nº 38, llamada Presidente Raúl Ricardo Alfonsín, a la que “en tres oportunidades concursamos con mi esposa y fuimos seleccionados por la Provincia”, apunta el docente jubilado.

Al continente helado viajaron Fabián Edgardo Juárez, su esposa Carmen María Desch, y sus hijos Kevin Edgardo y Aixa Belén.

En tal sentido, participaron de las campañas 2.004, 2.010 y 2.013. En la primera campaña “llegamos a tener temperaturas de hasta 37 grados bajo cero, y con sensación de 80 bajo cero, por el viento fuerte”, señala Fabián a Buenos Días Región.

No obstante, las instalaciones tienen un sistema de calefacción que torna agradable el clima interno.

La Base Esperanza “es la única que alberga familias, desde el año 1.978; los alumnos son los hijos de los mismos militares que van a hacer la campaña”, explica Fabián.

Cada año “van entre siete y nueve familias, porque las dotaciones de las distintas bases se renuevan anualmente por completo”.

Por ejemplo, la semana pasada hubo recambio completo en la Base Marambio. Desde diciembre, comienza la renovación de personal en el resto de las bases. Arranca con la campaña de verano que inicia el rompe hielo Almirante Irizar.

“La Base Esperanza es como un pequeño barrio”, así que “tiene 13 casas, la escuela, una capilla, la oficina donde funciona lo administrativo, el museo, una enfermería, un hangar donde se guardan vehículos y víveres, una carpintería, una usina principal, el galpón de Marina, una planta de tratamientos de residuos y el salón principal, conocido como el Casino Comedor, que es el punto de reunión de los sábados para pasar un momento agradable”, explicó.

Allí no hay supermercados, comercios ni tiendas: no se maneja dinero.

Además, “hay una cámara frigorífica donde se guarda todo lo congelado”, indica. El “Irizar” y el “Hércules” son las embarcaciones encargadas de transportar alimentos y demás elementos.

En cuanto al salario, “tenemos un plus todos los que vamos a trabajar a la Antártida: podés ahorrar siete meses de tu sueldo, porque no gastás en comida o transporte, por ejemplo”.

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