
Ayer domingo, a las 5:30 de la mañana la llamaban desde la Policía, a Claudia Mainardi, para informarle del ingreso delictivo en la escuela Rivadavia, establecimiento educativo que dirige.
Los autores del robo son menores de edad, quienes forzaron una reja y una puerta interior que da a la galería.
Había papeles y útiles en el piso; extrajeron pinturas, con las que pintaron en paredes; al fin de la galería está la sala de maestros y “también ahí nos encontramos con grandes daños”.
“En la cocina había cuchillos y una sierrita, con los que intentaron abrir un carro, pero no lo lograron; por una abertura del lugar pudieron extraer varias computadoras”, recordó. También faltaron otros elementos.
Como si no fuera suficiente, los menores también orinaron dentro de la escuela.
El trabajo policial derivó en el arribo a un domicilio, donde reside uno de los jóvenes sindicados como autor del hecho, y finalizó con el recupero de todo lo sustraído.
“Lo que aumenta aún más el dolor y el sentimiento de impotencia es que son ex alumnos. Después del impacto, después de la escena, cuando nos pusimos a limpiar y ordenar, nos encontramos con que en el piso había hecho un Ta Te Ti, por eso esa mezcla de sentimientos y de sensaciones, porque son niños y han provocado daños en un lugar que debería ser querido”, lamenta Mainardi, y agregó: “uno entiende que estamos ante situaciones muy complejas y hoy, más que nunca, la escuela necesita de equipos interdisciplinarios, para poder salvar estas situaciones”.
“Son nuestros niños y es inevitable sentirnos un poco responsables”, concluyó.

