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Como productor e integrante de la Comisión Directiva de la Sociedad Rural de Rafaela, Leonardo Alassia hace un repaso sobre los cultivos y las actividades ganaderas de la región. Sin lluvias próximas el impacto de tres años de sequía tendrán en este 2023 sus consecuencias más notorias.
-La lluvia del primer día del año sólo sirvió para renovar las esperanzas de los productores de nuestra región.
Unos ocho milímetros que sólo regaron superficialmente a suelos volvieron a exhibir la necesidad de humedad para que los cultivos intenten crecer o para arriesgar en siembras de segunda para el camino de un año por delante que será complicado al extremo.
Alassia remarca que “estamos viviendo una coyuntura muy fuerte, en la que la sequía es agobiante. A pesar que nos dicen que la ´Niña´ se termina en febrero, hay que vivirla, tenemos que pasarla. Como productores y dirigentes estamos avizorando que el invierno va a ser dura, tanto en agricultura, como en ganadería”.
Después del fracaso en la campaña fina, el fallido inicio de la gruesa con muy pocas lluvias en noviembre y heladas, prácticamente sin lluvias en diciembre, el verano comienza complicado.
“Este es el tercer año de sequía. En 2020 no se notó la sequía porque veníamos con una humedad en el perfil, impresionante. En 2021 ya ese perfil empezó a evaporar y las napas a caer, ya en este 2022 las reservas no estaban y cualquier lluvia fue para humedecer a la capa superficial”.
La situación se pondrá aún más compleja, porque “en el invierno los productores tendrán que salir a comprar alimento por no tener reservas y por una cuestión de oferta y demanda, con todos los tambos en la misma situación, van a subir los precios y es lógico».
«Hoy por hoy va más allá de cuánto va a salir la leche. Va a haber materia prima para el mercado interno, pero concretamente mientras no haya más dinero en los bolsillos de los trabajadores no va a poder mejorar el negocio de toda la cadena”, finalizó.

