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Por azares del destino en el presente entrelazo con sutileza lo multifacético de la segunda mitad de la vida de las personas con el apasionante ecosistema de comunicación social que existe y se transforma sin cesar.
En un mundo donde suceden tantas cosas maravillosas y horribles al mismo tiempo, maniobrado por estereotipos, prejuicios y discriminación, inesperadamente nos podemos encontrar con ese “clic” que te hace ver la realidad con una mirada distinta.
Es una fortuna adquirir saberes contemporáneos que generen nuevas interpretaciones de la realidad de cada uno. Esos que permiten pensar con mayor claridad hacia dónde dirigir las próximas acciones cotidianas.
Al comprender que envejecer es una oportunidad social, donde se puede ver a las nuevas generaciones envejecientes, mediante pequeños cambios diarios que van derribando obsoletos estereotipos y prejuicios que se creían, sobre lo que implica vivir después de los sesenta años.
Recordar que somos mortales tal vez pueda ayudarnos a tomar consciencia de lo fugaz que puede ser todo, entonces así buscar y descubrir cuales son aquellas cosas favoritas que hacen valiosa la vida.
Más allá de que hay variables personales y del contexto, el escenario puede cambiar con tan solo reconocerte merecedor, desde hoy, de un transitar digno de disfrutar con todos los sentidos.
Cada cual tendrá su fórmula, comprendiendo además que con los seres queridos se logran divinos y únicos tesoros. Es aquí donde la grandeza y generosidad humana nos hace ver que el vínculo que no se nutre, se desnutre.
Entonces así, el tiempo y su devenir cobra real importancia abriendo el camino “vejez divino tesoro” donde el estilo de vida se presentará con una precisa combinación entre la acción y contemplación de cada día.
Columnista de “Con Voz/s Mayor” y “Palabras en común”

