“Las mil y una realidades”

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El punto de partida puede considerarse desde el momento en que comenzamos a ser conscientes de que todo lo que hacemos incide directa o indirectamente en el proceso de nuestra evolución. Innumerable es el cúmulo de vivencias que tenemos a cuestas desde que nacemos hasta morir, algunas casi que las olvidamos y otras más puntuales se hacen recurrentes en la memoria. Todas ellas influyen en nuestro modo de vivir y manifestarnos.
Lo interesante es cuando se encuentra ese punto de no retorno, porque ya no hay vuelta atrás. Indefectiblemente de forma consciente nos ponemos a considerar todo aquello que promueve nuestra salud y calidad de vida, y aquí es cuando notamos los cambios en nosotros mismos y de nuestro entorno.
Identificar como son las relaciones que establezco y deseo fortalecer con el tiempo, tienen un rol muy importante. Si son con buena base nos permitirán en el corto plazo un cierto equilibrio, y crear en el largo plazo esa red de apoyo disponible en el momento que lo requiera si fuese necesario.
Algunas personas reconocen que están realizando profundos cambios, entre los que consideran más importante “la calidad de los vínculos”. El hecho de saberse merecedor de un trato digno y respetuoso, es revolucionario del ser en expansión. Por lo tanto, comenzar a poner sanos límites parecería ser el inicio.
Hasta el momento se escuchó mucho la frase “pero que le vamos a hacer, así es la vida”, a modo de justificar los tratos desconsiderados, irrespetuosos, hasta bordear la inaceptable violencia en cualquiera de sus formas. Esa desafortunada frase solo conspirará en contra de los más dignos momentos que merece experimentar una persona aun siendo vieja. Aquí me detengo a decir: que no, así no es la vida, hay otra forma de vivir que se puede ir descubriendo.
El problema de continuar justificando esas malas costumbres que ya se han naturalizado, es que mañana tu calidad de vida no solo estará marcada y expresará algún síntoma por lo vivido; sino que además pueden surgir situaciones indeseadas y difíciles de gestionar desde el entorno familiar, sistemas de salud, ámbitos de la justicia y demás.
Aprendamos de todo, menos a sufrir. Evitemos futuros descuidos inhumanos en nosotros y en nuestros seres queridos.
La Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores expresa “la importancia de facilitar la formulación y el cumplimiento de leyes y programas de prevención de abuso, abandono, negligencia, maltrato y violencia contra la persona mayor. Y la necesidad de contar con mecanismos nacionales que protejan sus derechos humanos y libertades fundamentales; convencidos también de que la adopción de una convención amplia e integral contribuirá significativamente a promover, proteger y asegurar el pleno goce y ejercicio de los derechos de la persona mayor, y a fomentar un envejecimiento activo en todos los ámbitos”.
Sin pertenecer a una utopía, quienes hoy cuentan su propia historia aún están a tiempo de tomar coraje y así generar cambios que permitan descubrir aquella anhelada forma de ser tratado.
Recuerda que el envejecimiento es una construcción social, por lo tanto, empecemos cada uno con esos pequeños cambios diarios.
✍Luciana Villagra desde “Con Cos/z Mayor”
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