¿Si no es ahora, cuándo?

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Entre tantos estímulos diarios que vemos, sentimos e interpretamos, podemos identificar cuales captan más nuestra atención. Si pudiésemos sumarlos a todos y luego dividir entre los que te aportan bienestar y los que te lo quitan, ¿cual es es la mayoría?
Actualmente como sociedad nos manejamos con conceptos anclados en el siglo pasado con respecto a que es ser viejo. Se dice que pasamos por tres etapas bien definidas: donde primero se estudia, luego se trabaja por un extenso período de tiempo, y por último la etapa de disfrute que será cada vez más extensa, entonces que contradicción decir que las personas mayores son pasivos. Es cuestión de miradas.
El envejecimiento es el producto de toda nuestra historia, en ella hay registros de miradas, palabras, acciones y demás cuestiones vividas. Aquí podemos encontrar el lugar donde reside el cúmulo de críticas, seguramente algunas buenas y otras no tanto, dependiendo de quien las emitió y de quien las recibió.
Si vamos al caso somos críticos de películas, libros, arte, esculturas, además de hábitos, costumbres, sistemas, gobiernos y también personas.
A lo largo de la vida la gran mayoría recibimos críticas que se van acumulando, desde la niñez, adolescencia, de algunas experiencias laborales, de algún familiar, matrimonio pasado o actual. ¿Qué ha hecho la crítica a lo largo de mi vida? Entonces ¿como llegaré a la vejez, con todo eso?
La cuestión es evitar que lleguen a perturbar la calidad de vida que se desea construir cada día. Seguramente tenemos distintos puntos de vista que nos enriquecen, tal vez porque podemos cuestionar si hay verdades absolutas en los distintos acontecimientos. No hay conclusiones únicas, y está bueno que cada persona elabore su propia conclusión de cada situación.
Estamos transitando el siglo XXI donde cada vez se está viviendo más educado, saludable, contamos con más información, solo requiere que comencemos a considerar un cambio en lo que imaginamos que es ser una persona mayor.
Así como la edad nos define cada vez menos, porque no somos los años que tenemos. En gran parte somos nuestras motivaciones, inquietudes, lo que nos gusta y hace bien. Hasta el momento, nadie nos enseña a envejecer, comprobamos que vivir mejor también se aprende.
La nueva longevidad apunta a sentirse en plenitud, partícipes e integrados allí donde pertenecemos y deseamos ir. Para ello se puede reconsiderar el estilo de vida, los pequeños o grandes proyectos que establecemos y nuestra actitud, sobre todo.
✍Luciana Villagra desde “Con Vos/z Mayor”
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